jueves, 20 de marzo de 2008

Las elecciones presidenciales del 2007

LAS ELECCIONES, RECITADO DE AYER O IMAGINACION DE FUTURO



Un régimen político, no como está definido en los textos, sino como funciona efectivamente, está formado por un conjunto de conductas.
Raymond Aron



La elección presidencial ha pasado. Tenemos nueva president(a) – ya nos hemos aclimatado según intimó Cristina Fernández de Kirchner más de una vez -. Y el hecho impone, en mi visión, tres clases de argumentación. El análisis a posteriori (las elecciones), y el pensamiento a priori (qué puede suceder) y contrariori (análisis crítico de esas eventualidades). Análisis y pensamiento los diferencio intencionalmente. En otras palabras, esta escritura remite a hechos consumados, a deseos subjetivos de quien escribe que no procura abstraerse de su ideología y su acción, y por último a cierta visión crítica sobre las contingencias que puede adoptar el oficialismo.

Hemos transitado pocas semanas, tiempo insuficiente para elaborar pensamiento político. Pero el vértigo mediático, colmar espacio, siempre impone a algunos periodistas, analistas y políticos a pronunciarse rápidamente en las interpretaciones de ese acto importante para la vida democrática. La opinión, a diferencia del pensamiento necesita cierta perspectiva que solamente concede el tiempo. Esto cabe para nosotros también. Algo del dicho popular: “hay que esperar que se acomoden los melones”.

La política argentina en los últimos años deserta cada vez más de ideas, de proyectos. La forma que adquiere el debate, en los medios de comunicación, en las mesas, los cenáculos políticos focalizan demasiado en lo accesorio desplazando lo principal. Son proclives a amenizarse en lo instrumental antes que en lo finalista (reconociendo que son dos modos de interpretar la política). En general, cuando participo de algún intercambio, o me informo, los diálogos naturalmente se fijan más en los gestos, las supuestas imágenes, que en el pensamiento. Tal modalidad no permite la necesaria “distancia” con los acontecimientos que habilite la posibilidad de “reflexión”. Reforzado todo este circuito por la agenda mediática y su construcción de imágenes – de protagonistas y sucesos – afirmando esa “verdad” como realidad. Se que ello es la consecuencia de la hipersonalización de la política y su imaginario afirmado como “espectáculo” para ver. Más que instituyente como acción colectiva para realizar.

Dicho en otros términos tocante a mi comienzo militante: lo táctico supera con creces a lo estratégico. O para ser más actuales en el lenguaje, la “rosca” suplanta una sustanciosa construcción de un “nosotros” colectivo. Esa parece ser la nueva política real de poder. La considero tan necesaria como insuficiente.

En estas elecciones, aunque se haya simulado lo contrario, las mentes estuvieron más preocupadas en la “ingeniería electoral” que en ideas para la acción del cambio social. Se preserva sí el juego electoral, se ensombrece la finalidad de arquitectura social. Puja electoral en si misma. En mi opinión esa es una circunstancia que debilita el pensamiento político y su posibilidad de proyección.

No pretendo caer en un idealismo fácil. Pero es inexorable recordar al viejo Hegel y su dialéctica del amo y el esclavo. Esa Historia Universal para alcanzar el reconocimiento que instituye la vida social. La mediación era, para el pensador alemán, a través de la idea. Y el objetivo final para esa vida social era el reconocimiento de las conciencias. Si bien mi concepción de subjetividad no se inmoviliza en la pura racionalidad me parece que es necesario repensar aquél presupuesto, en función de lo político como acontecimiento instituyente de sentido. Y, especialmente, para los dirigentes el reconocimiento de una soberanía popular más colmada.

También en términos generales, desde la filosofía política puede afirmarse que el soporte de la vida política de los sistemas demoliberales burgueses (¡¡¡¡que setentista lo mío!!!!) basados en el contrato social son actualmente, puestos en cuestión – por algunas ideologías - por diferentes razones. Una objetiva que es la insuficiencia de esa ficción para constituir la convivencia concreta. La otra porque la filosofía atomista liberal articulada en un nueva dogma de mercado sobrepuja ese malentendido. Para ser más claros, la “revolución conservadora” de los 80, invernadero de políticas que luego se aplicaron más salvajemente en otros países como el nuestro, en una de sus máximas exponentes, la primera ministra Margaret Thatcher solía afirmar libremente que la sociedad no existía. Solamente el individuo y a lo sumo la familia. Prístina claridad del telón de fondo de ese pensamiento. Lo social y por ende lo político términos equivalentes en su etimología griega son desconocidos. Resumiendo: para el pensamiento político las configuraciones sociales no pueden ser ya pensadas en los términos que venimos haciéndolo en los dos últimos siglos. La función del contrato social, la ley y la legalidad que ella otorga está cuestionada en su eficiencia y su autoridad, a la luz de la organización social dominante. Ni siquiera la reducción a la lucha de clases puede alcanza para expresar acabadamente las nuevas estructuras sociales.


LOS ACTORES DE LAS ÚLTIMAS ELECCIONES Y SUS CONDUCTAS (a posteriori)


Los resultados – número de votos obtenidos por cada contendiente – y las designaciones por los triunfadores para la futura gestión; son dos factores principales que se plantan frente al interrogante de la hora: ¿vendrá un cambio o será la continuidad? Como repetía uno de eslóganes del kirchnerismo apenas lanzada la campaña. De allí en más se abre un campo fértil para las especulaciones. Y, además, si se pretende hacer una prospectiva más abarcadora y se quiere imaginar cómo quedará conformado el escenario político nacional se debe considerar también a la oposición y otros factores de poder. Y, por ejemplo, lo que pudo haberse atribuido a la Coalición Cívica de Elisa Carrió, que salió en segundo lugar, varió sustancialmente su espesor a muy pocos días del comicio. El resquebrajamiento comenzó luego que empecé a bosquejar estas líneas. Los ciclos de disolución de las alianzas electorales son, causadamente, cada vez más efímeros. (No solamente con Carrió, otro tanto ocurrió con la que encabezaba Roberto Lavagna y el radical Gerardo Morales).

Me parece que a veces, las apreciaciones analíticas son más artificiosas y apuradas de lo estaría demarcando la realidad. Otras especulaciones son procedentes pero demasiado simplificadoras o arriesgadamente monocausalistas. Por eso, más que nunca, deben tomarse estas palabras al rescoldo de un acontecimiento electoral que no se apagó totalmente y que recién pasará a la acción manifiesta a partir del 10 de diciembre. Lo escrito corre, también, el riesgo de ser demasiado efímero.

Pero antes de navegar en algunas reflexiones quiero, agradecer al Director de esta publicación, Francisco Talento. Por la distinción de convocarme con recurrencia a escribir en estas páginas que promueven el pensamiento político. Demandan trabajo pero, también, por ser el espacio que él dirige amplio y plural, pone al autor en una situación de entusiasmo ante el algo despoblado campo intelectual para el debate político.

La campaña terminó (¿o no?, Dick Morris dixit) y los resultados, esta vez acertaron con los pronósticos de esa influyente función social que cumplen, hoy por hoy, los encuestadores. Ahora bien, más allá de los pronósticos errados en varios pronunciamientos populares negativos para el oficialismo, previos a la elección presidencial: ¿algo cambió? Podemos evaluar que no, al contrario, algunos de los rasgos más criticados del gobierno se agravaron y se agregaron otros más. Entonces ¿no habrá que buscar razones complejas para explicar los comportamientos electorales?

Nuestro esquema quiere desarrollar un recorrido que parte de la cita del pensador francés puesta al comienzo. Completo la idea de Raymond Aron transcribiendo: “A primera vista, se destacan tres categorías de conductas: las de los electores, las de los dirigentes de los partidos y las de los elegidos”.

Claro, hay que explicar que ese texto fue escrito a principios de la década del 70. Por lo tanto amerita ciertas actualizaciones, sobre todo a la luz del estado general de nuestra Nación. Entonces, nuestro plan además de los tres factores señalados agrega: los medios de comunicación y su influencia en la formación de la opinión pública, el discurso adversativo de los opositores y su grado de eficacia, características cautelosas del voto, y el famoso interrogante ¿puede analizarse el voto solamente en base a la racionalidad?; ¿estamos en condiciones de identificar grupos diferenciados en cuanto a demandas, experiencias, que formaron los pronunciamientos etc. Y como imaginario a futuro: ¿qué oportunidades se abren en la nueva etapa? y algunas cuestiones que se irán agregando al correr de la escritura.

VOTANTES ENTRE LA RAZON Y LA PERCEPCION

Los electores permanecen como factor principal. Pero la subjetividad del votante argentino está influida por un contexto cultural diferente, no solamente al de Francia sino, también, al de nuestra realidad reciente. El régimen político, social y económico argentino implosionó espectacular y trágicamente hace sólo siete años. Hasta ahora no podemos decir que haya signos de maduración de uno definitivamente nuevo. En mi opinión, seguimos en transición.

El Presidencialismo – en cuanto sistema constitucional y su encarnación – acentuó aun más ciertas inclinaciones propias de nuestra historia. Y sobre todo, después del fracaso de la Alianza, la demanda de la sociedad y cualidad de algunos gobernantes fueron la materia para alinear imágenes positivas y negativas. Desde la aceptación a diversos grados de crítica pronunciada en base a acusaciones de abusos, falta de institucionalidad, exceso de poder, y cuando se necesitaba impacto, la impropia calificación de la palabra comodín: “fascista”, acusación a la que llegó la doctora Elisa Carrió queriendo sintonizar con una ambigua subcultura política. Para ser claros: quiero traer a colación una celebre provocación del cientista político socialdemócrata alemán, Peter Glotz: “El neoconservadurismo es la red en la que puede caer el liberal cuando comienza a temer su propio liberalismo”. Un residual de viejas antinomias que en algún segmento etario del electorado podía funcionar. Sumando a sectores juveniles que todavía la perciben como una rara avis del mundo político y a quienes podría conmover la acusación desmesurada. También, reverdeció el mote de autoritarismo y elusión defensiva de parte del oficialismo sobre razones que condicionaban para esos procedimientos. Podría pensarse que el kirchnerismo, como boomerang, transformó el estigma como un cierto talante de autoridad. Dispuesto lo real y lo imaginario, no significa que no hubo, en el oficialismo, exageraciones, abusos o sobreactuaciones. Pero eso es un poco el juego de la política.

Para un ligero análisis de los discursos dominantes cabe recordar que en toda competencia electoral es posible analizar un campo de discurso constituido, siguiendo al semiólogo Eliseo Verón, por el prodestinatario (el nosotros que se pretende construir), el contradestinatario (los otros adversarios fuera del “nosotros”) y los paradestinatarios (los indecisos).

No tengo aptitudes, ni herramientas finas para encarar el análisis desde la investigación desde la sociología electoral, ni tampoco análisis minucioso de las enunciaciones discursivas de los principales participantes. Un dato curioso del ámbito universitario: muchos estudiantes de comunicación y periodismo han elegido el tema sobre características del discurso del Presidente Kirchner y la construcción del “enemigo” para sus trabajos finales. Algo sintomático enseña esa predilección.

En una observación a vuelo de pájaro pudo anotarse:

Cristina Kirchner: eligió una campaña con el intento de construir un “nosotros” tratando de eludir en lo posible toda acción de fricción marcada por la coyuntura. Desarrolló una campaña cuidada, con esmero de puesta en escena minuciosa. Discurso, inevitable, de cierta tensión pero conceptual y evitando identificaciones (personalizaciones) adversariales. El máximo de “nosotros” posible de envolver. Viajes al exterior cerraron esa estrategia básica. El mensaje era algo así como: “Yo estoy por encima de las disputas internas y trato de posicionarme en escenarios internacionales, adentro de nuestro país las cosas están bastante bien”. Sazonado con una imprecisa “concertación” futura y promesas de construcción de “institucionalidad”. Como respuesta a las críticas sobre “hegemonía”, “falta de diálogo” y “abusos de autoridad”.

Elisa Carrió: tuvo, a grandes rasgos, al principio, la continuidad de su papel denunciativo con la corrupción como único tema. Y, en el último tramo, cubrir su carencia de gestión con el consabido recurso de “adelantar el futuro gabinete”. Lo hizo, sobre todo, en el campo económico – que siempre despierta un apreciable grado de repercusiones mediáticas, con la figura del joven Alfonso Prat Gay pero a costa de un desperfilamiento del cuadrante “progresista-liberal” en el que siempre se sintió más cómoda. Contó con la ventaja que el oficialismo la eligió, y movió todos sus recursos para ella sí fuera la contendiente adversativa.

Roberto Lavagna: no supo, no quiso o no pudo construir un discurso político por fuera de su dominio económico. Intentó alojarse como el “padre del modelo económico” pero llegó hasta ahí, sólo la enunciación. Quizá contagiado por la campaña del Ingeniero Maurcio Macri en la ciudad prefirió los nudos de propuestas (recetas) instrumentales temáticas. No tuvo demasiado eco e inhibió oportunidades para un discurso abiertamente disonante con el oficialismo en base a un mensaje más integral que le diese un sentido a lo que después podría haberse presentado sectorialmente.

Adolfo Rodriguez Saa: largó tarde y uno de los mayores beneficios provino de los peronistas no K o antiK que no se sintieron contenidos en la candidatura de Lavagna.

Por supuesto que los gastos de campaña fueron muy disímiles y tuvieron su peso(s) pero eso será materia de una reflexión más abajo.


LOS PARTIDOS POLITICOS


En el segundo factor señalado por Aron, tenemos un fallo notorio. Sería ocioso repetir el estado de crisis de los grandes partidos nacionales. A lo cual se contrapone la vigencia de aparatos locales – distritales en los cuales se conjugan algunos nuevos referentes con viejos dirigentes de partidos tradicionales.

Con respecto a 2003 pudo observarse una ramificación en la dispersión del Justicialismo, que al igual que la Unión Cívica Radical – por primera vez en 100 años no se presentó con boleta propia en el orden nacional (dejando de lado las abstenciones históricas) – se integraron en todas las boletas electorales importantes.

La vertebración alrededor de una “figura” ya fue un factor dominante y excluyente en todas las construcciones. El grado de “personalización” de la política se agudizó mucho más. Ningún candidato a presidente fue elegido por internas partidarias y muchas veces – aunque sus protagonistas lo negasen – parecían más “aglomerados” que organizaciones con cierta consistencia ideológica.

Esto naturalmente llevó a la dificultad central, sobre todo en la oposición: ninguno fue capaz de mostrar una nítida disidencia reconocible metidos en ese juego de espejos – y a veces hasta narcisismo desmedido – como para presentarse como desafiante neto del oficialismo. Que también cargó con esas características pero que tenía una ventaja importante: estaban gobernando y nadie pudo decir que en el aspecto económico se estaba peor económicamente, que luego de la crisis de 2001.

UNA SOCIOLOGIA ELECTORAL INCOMPLETA

La conclusión rápida de muchos analistas fue: La ganadora perdió en los grandes centros urbanos y los ciudadanos de menor nivel económico se pronunciaron a su favor. Trazos demasiado gruesos. Por otra parte, una mirada microscópica, en muchos lugares, podría atenuar dicha afirmación. Con el consiguiente ramillete de preguntas: ¿fue automáticamente así?, ¿cómo incidieron los aparatos distritales? Y la más importante: ese amplio sector que la apoyó ¿responde a la identificación tradicional peronista? Grandes incógnitas que no puede revelarse solamente mediante presentimientos


Principalmente, porque en nuestro país aun son deficientes los instrumentos cuantitativos y cualitativos que permitan un examen riguroso, representativo y minucioso de los resultados electorales (ex-post). Ello constituiría la base de una verdadera sociología electoral empírica. Hay numerosos informes sobre cómo se pronunciaron los electores, según las provincias y dentro de ellas los municipios y más estratificadamente podrían obtenerse los guarismos de las mesas masculinas y femeninas. Pero no más que eso. O sea, falta una investigación microscópica, en el marco de cada distrito y división en targets por variables como niveles socioeconómicos, profesiones, votos anteriores; en fin otros indicios y entrecruzamientos que en verdad pudiesen establecer una verdadera sociología.

El lunes siguiente a la elección, un periodista enseguida me preguntó si “había una resurrección del gorilismo”, de la oposición peronismo y antiperonismo según los pronunciamientos tomando en cuenta los niveles socioeconómicos”. Le contesté que, en mi opinión, no estaba en disposición ni de hacer un análisis cuasi clasista y tampoco asentir en esa dicotomía. Por otra parte, como se vio, ninguno de los candidatos con chances dejó de tener “una pata peronista”. Con fundamento se repitió mucho el gracejo del General Perón cuando le preguntaban sobre la composición política del pueblo argentino. Nombraba a los radicales, socialistas, conservadores y cuando se lo inquiría sobre los peronistas replicaba: “Ah no, peronistas son todos”. Nadie se ingenió para continuar la broma sobre si “unidos o dominados”, por el ansia de lograr una baldosa en cualquier vereda.

Una de las formas que adopta, en la práctica, la democracia es la de personas y grupos que demandan, reclaman, y reivindican sus intereses. Las democracias de masas, quieren ser, ante que nada, miembros de la soberanía popular, sino de burgueses que exigen al Estado que los socorra y los proteja. La democracia, según Aron se centra en cuatro puntos: el reclutamiento de los políticos, organización de los partidos, leyes escritas y leyes no escritas. El lector puede practicar su propia tabla de preguntas al respecto y otorgamiento de puntaje.


VENTAJA DEL OFICIALISMO FRENTE A GRUPOS DESAFIANTES POCO ORGANIZADOS

El argentino luego de varias experiencias rehuye de la existencia de gobiernos impotentes, sería una ley no escrita. Hoy, el reclutamiento germina de la mano con cierta fama. Aunque el candidato no tenga más que recitar un discurso cuasi mágico. Sobre la organización de los partidos ya hemos dicho.

A los políticos y encuestólogos le gustaría tener el talismán para que, en la instancia de votación, supiesen cuál es la pregunta correcta que será respondida por el electorado con su voto. Es cierto que hoy, con las técnicas del marketing, y el proceso de la segmentación de los públicos pueden establecerse características de unos conjuntos de demandas de grupos diferenciados. Pero esa aproximación siempre está lejos de la rigurosidad que puede ofrecer una lógica racional. Los factores emocionales, como siempre, pueden alterar esas conclusiones a priori.

Cabría agregar que no solamente es la pregunta sino, también, el modo en que es presentada esa pregunta. Esto es un elemento importante en el diseño de una campaña electoral.

En esta elección, si se miran los candidatos se percibe rápidamente que hubo muchas alternativas. Pero qué respuesta satisfactoria podía ofrecer cada una de ellas en el imaginario social de la población. Difícil la respuesta.

Porque otra de las cuestiones de una campaña es cómo los candidatos van monitoreando su evolución y por lo tanto “buscan” alguna declaración como para hacer impacto en algún grupo que les es resistente o que está lejos de ser seducido. Allí hay mucho seguidismo de encuestas y poco posicionamiento como líder de un proyecto integral Consecuencia nadie encuentra un mensaje global penetrante.

En definitiva, el poder pseudoinstitucionalizado quedó principalmente en manos del kirchnerismo. Desde esa perspectiva la combinación entre no arriesgar si las cosas están más o menos bien (racionalidad) y el “temor” al salto al vacío (memorias recientes) configuraron una cuota que alcanzó para que Cristina Fernández fuese elegida como Presidenta en la primera vuelta. Sin desconocer los guarismos de abstenciones que relativizan el conteo absoluto.

La mirada total del poder (que sobrepasa la institucionalidad gubernamental) es harina de otro costal. En medio de la creciente deslegitimación institucional los que no ven perturbada su estrategia son los denominados poderes de facto. Los grupos concentrados de poder económico que pugnan por seguir, como dijo un importante dirigente francés, por la sociedad de mercado en vez de la economía de mercado. Debate de otra profundidad que puede circular en otro grado de pensamiento político. Pero, el voto es de respuesta más inmediata. Lo que no libera a los que se dedican a la cosa pública –las élites dirigenciales - de aspirar a metas más perdurables, integradoras, proyectuales. Lo a priori y contrari que se verá en las próximas líneas.

DE QUÉ VIENE LA COSA, A PRIORI Y A CONTRARIORI


Como síntesis muy esquemática de mis concurrencias y, fundamentalmente, escuchas en distintos foros de debates postelectorales (dominantemente peronistas) en los cuales se revisan expectativas aparecieron tres núcleos de preocupación:

· Ausencia de un proyecto nacional y la necesidad de construirlo

· El futuro del peronismo a partir de quienes pretenden su supuesta reorganización.

· El pacto social


El primer punto está atado al segundo en tanto la última proposición de edificar un proyecto nacional partió del General Juan Perón poco antes de morir. Y, también en sus apariciones públicas el replanteo de la organización del Movimiento Justicialista. Subrayando dos cosas: el mensaje del proyecto sobrepasa al peronismo; segundo, no puede haber democracia sin partidos políticos.

A partir de momentos históricos, de construcción de identidad popular, se pone en juego la posibilidad de organización institucional de esos movimientos. En el caso de nuestro Movimiento es la etapa inconclusa que su fundador admitió – discurso en el Teatro Cervantes en 1974 -, bregando por la institucionalidad como la última de un proceso revolucionario que se inició en el 45 y que con avances, retrocesos y contradicciones perduró hasta el presente. Reconociendo la incertidumbre de cómo puede evolucionar durante estos primeros años del siglo XXI. Desde la muerte del fundador ninguno de los líderes del Justicialismo, supo o quiso, finalizar ese proceso.

Pero por cierto que en una sociedad de masas tiene que tener la voluntad y la decisión de sus sectores dirigenciales para dignificar a su pueblo. Repetimos aquello dicho sobre la idea política y el reconocimiento traducido como soberanía y socialidad. Reconocer en sus demandas, cualificarlas, decidir prioridades, en función de la densidad social que pueden generar esas mismas decisiones. Creando las oportunidades para mejoramientos cualitativos. Organización en términos de Perón.

Y para ello es necesario la Ley, la calidad institucional y ciertos instrumentos propios del republicanismo. Lo que ocurre es que los instrumentos no son un fin en si mismo, lo son para conducir mejor a las sociedades hacia un mayor bienestar general. Lo importante es la identificación de la demandas de cada momento y articularlas en lo político. Durante las últimas décadas la economía logró autonomizarse de lo político, entendido como devenir constituyente de una identidad popular.

Cuando se intentan estos abordajes, el liberalismo filosófico por derecha o por izquierda actualiza un viejo y polémico concepto: EL POPULISMO. En estos lares fue un estigma contra el peronismo cuyo teórico fue Gino Germani. O sea una crítica por izquierda. Pero la historia señala que ese tipo de acción política fue germinada desde la derecha en los Estados Unidos de Norteamérica. Que revisó viejas versiones y las puso en práctica. No es este el lugar pero puede tipificarse como populismo (trágico en algunos aspectos) los gobiernos de George Bush (h). Aunque el populismo no es ajustable a los políticos solamente. Estudios críticos sobre la noción, también estigmatizan – por ejemplo – a los empresarios y su comportamiento dentro de las formas populistas sería también una trama para otra discusión profunda y sincera. Desde la ortodoxia del pensamiento económico se asegura que dejan de ser competitivos. Se convierten en prebendarios; influyentes a la espera del favor del Estado. Y es verdad que así ha ocurrido. Pero ¿se discutió alguna vez si ese modelo era perfectible o era un simple argumento para poder justificar una apertura comercial indiscriminada que logró consecuencias peores, como los índices de desocupación inéditos en nuestro país?

Así se dilapidaron márgenes de autonomía en decisiones económicas delegados, soslayando al Estado, en la supuesta mano invisible del mercado. Y la visión estratégica de Nación se diluyó en una suerte de pensamiento milagroso que no tardó en desnudarse en toda sus consecuencias aciagas.

A veces se repite hasta el cansancio que el populismo inculca pereza en el pensamiento. La culpa de todo está siempre en otra parte ("los intereses foráneos..."). En la Argentina las cosas fueron apocalípticas por culpa del FMI, del Banco Mundial. Pero, ¿No es más pereza el pensamiento único emergente del Consenso de Washington y la denominada “revolución conservadora”?

En síntesis, la nueva derecha es populista y rompe su propio espejo. La izquierda ortodoxa sigue insistiendo que el POPULISMO es un extravío del “verdadero motor de la historia”: la lucha de clases[1].

EL POPULISMO COMO RECONOCIMIENTO DE LA DIGNIDAD POPULAR

Algunos opositores al gobierno sacaron a relucir un viejo y controvertido estigma que en nuestro país blandió cierto pensamiento progresista. La asimilación del peronismo al populismo. Aunque históricamente puede aseverarse que el populismo tiene una raíz mucho más conservadora que de izquierda. Mi opinión es que desde la extensión de las sociedades de masas es inimaginable gobernar por fuera del populismo. El vitalismo de los movimientos populares es el que en ciertas contingencias recobran su soberanía para luego otorgarla a sus representantes. Son momentos históricos en los que espesa la identidad nacional y popular.
Ninguna ficción contractual puede explicar suficientemente la génesis de lo político. El POPULISMO hace lugar menos a la abstracción y más a las demandas de los ciudadanos y grupos de carne y hueso. Es tema de discusión filosófica superador del individualismo liberal a ultranza o el materialismo determinante propio de la modernidad.
Se gestaron nuevas configuraciones y demandas sociales imaginarias, materiales y tecnológicas por los procesos de urbanización e industrialización. Hoy, nuevamente en reconversión frente a nuevas organizaciones en la producción de bienes y servicios Y sobre todo, por la influencia en la opinión pública de los medios electrónicos que tienen fuerte imperio en la manufactura de estados psicosociales.

En consecuencia, el populismo trabajó a favor de la formación de identidades sociales lo cual, en sí mismo, no quiere significar que esos movimientos tienen asegurado sus triunfos. Esas identidades sociales pueden ser incompletas, débiles, discontinuas o equivocadas sin por eso dejar de constituirse en sujetos de los momentos históricos; a pesar de sus retrocesos, derrotas o repliegues. Me recuerda esa frase abierta de Perón sobre que los pueblos no suelen equivocarse, lo que no quiere decir – dejando parcialmente de lado romanticismos estéticos – que no puedan equivocarse.

CAMINO HACIA NUEVOS COMPROMISOS

Siguiendo algunas reflexiones del historiador, prematuramente fallecido, Ignacio Lewkowicz desde 2001 vamos “naturalizándonos” en un pensar (yo diría vivir) sin Estado. No sólo como su desaparición objetiva, hoy sobreviviente en burocracia desbaratada y desligada del poder simbólico (el poder) que debe instituir el ordenamiento jurídico. Una de las causas de la deslegitimación (falta de creencia) de la institucionalidad en general. Desde el auge y cierta declinación de la filosofía neoliberal (o sea su aplicación dogmática a la economía) no hubo mas que buenas intenciones en el replanteo del Estado. En consecuencia, ante la gradual y creciente disolución del Estado no caben posibilidades de segregación de una subjetividad y pensamiento estatales. Aclarando que habría mucho paño para discutir sobre concepciones del Estado, porque ciertamente el Justicialismo no es estatalista in totum sino que lo pone en el nivel instrumental para un proyecto nacional. No tenemos ni lo uno, ni lo otro.

Yo no coincido en presentar como operaciones cíclicas y consecutivas lo económico, lo social y lo político, cuando se trama la comunidad. La reorganización de la macroeconomía, especialmente los pilares del cambio alto, el consumo interno y el orden de las cuentas públicas no puede taponar el camino de las necesarias formaciones sociales, o en todo caso aunque no se adviertan en si mismo se prefiguran.

El abordaje de lo estatal no es sencillo. Debe además ser el resultado de un cierto grado de debate público para que haya voces y toma de conciencia. Aunque es difícil que alcance rating masivo. Pero hay que intentarlo.

Su diseño con características de mega-articulador obviamente debe tener en consideración una correcta lectura de los cambios, intercambios, relaciones geopolíticas presentes en el mundo. No con el recurso de utilizar toda explicación, a favor o en contra de la palabra “acolchado” (excusa para casi todo lo actual) de globalización.
En primer lugar porque la globalización no es un fenómeno enteramente nuevo. Hasta hay estudiosos, como el matemático y economista francés Daniel Cohen que sostiene que la globalización del siglo XIX bajo la hegemonía del imperio británico mantiene ciertas ventajas sobre la del siglo XX. Y lo demuestra, particularmente: el imperio británico “exportaba” el 50% del ahorro inglés a ultramar. Magnitudes que en la actualidad no se alcanzan.

También deben tenerse presente, para un eventual proyecto nacional, las rupturas culturales y la nueva economía, y la figura del trabajador que se inscribe en nuevos procesos productivos distantes de los dominantes desde la revolución industrial.

Curiosamente hace pocos días, coordinando una mesa de una jornada de la Fundación José Ignacio Rucci, en la Confederación General del Trabajo (CGT), donde se debatía el tema: Peronismo y la globalización (la soberanía política, la independencia económica y la justicia social en el Siglo XXI) aparecieron palmariamente, de parte de los concurrentes, todos trabajadores de industrias, servicios y el campo dos temas esenciales: la presencia del Estado y la educación.

La cuestión radica en cómo cada una de las demandas particulares que fueron apareciendo (mala calidad educativa, erosión de la autoridad del docente por parte de los padres, el trabajo de la mujer, la función del padre, los vínculos familiares en general, la droga, los horizontes) pueden sintetizarse en una propuesta generalizadora de proyecto integrador. La respuesta en principio es: defendiendo la política. Que es defender la sociedad.

Y el otro gran desafío es como se construye, se expresa en un discurso sencillo la manera en que se vinculan las demandas sociales – entre las cuales no podemos excluir la continuidad en la lucha contra la pobreza y la distribución social – con esa otra necesidad que apuntamos en la apertura: el proyecto nacional.

Pensar en una socialidad renovada como contracara de los síntomas graves de fractura. Curiosamente no apareció el tema de la inseguridad que ocupa gran parte de la agenda de los medios, también que el deporte no puede ser el único acontecimiento que genere conciencia de unidad.

Bienaventuradamente, tampoco apareció un discurso anti-político, si no por el contrario a lo político se le otorgaba valor para la comprensión de la vida, de los sufrimientos, de los desamparos de las soledades, de las necesidades no cuantificables.





DESAFÍOS DE UNA AGENDA DE FUTURO

Aceptado la premisa de reconstitución del Estado, su gestión eficiente, su meritocracia, su profesionalización y la delimitación clara de la esfera política de la esfera técnica. La que conduce es la primera y la que nutre de datos para la decisión con su debido cálculo de costos – beneficios cuantitativos y cualitativos, la segunda.


El universo del trabajo dominado por nuevos procesos productivos en los que los factores simbólicos (marcas, diseño, etc.) son relevantes.

La educación para moverse en ese mundo en una combinación que haga a la persona conciente de sus responsabilidades. En esto hay que ofrecer nuevas formulaciones que combinen adecuadamente al ciudadano y el consumidor. La orientación en el consumo para diferenciarlo del consumismo es una tarea impostergable y propia del espacio público.

La tecnología en modo alguno produce mecánicamente su propio modo de organización social

No voy internarme demasiado en los instrumentos sino en los fines. La Reforma Política es necesaria, pero si no está suficientemente discutida la finalidad de la política, mal podemos ir por instrumentos.

Esos principios tienen que ver con principios de filosofía política que en los últimos tiempos no se discute en la Argentina.

En principio por varios motivos. Por corrientes “antipolíticas” que en muchos casos se instituyeron como verdaderas campañas de desprestigio sobre la acción política, más allá de los vicios que los hombres que componen las instituciones

Escribiendo nuevas ficciones (soportes para el hacer creer de buena fe, sin mentiras), alrededor de los intereses actuales de las personas y grupos.



RECREACION O MUERTE DE LOS PARTIDOS POLITICOS POPULARES




Dijimos antes que no puede aspirarse a una democracia verdadera sin partidos políticos. Estimo que el esquema de escritorio de un centro derecha y un centro izquierda es simplista. Que no hay construcción de ficciones para gobernar con borramiento histórico.
Hoy lamentablemente mucha militancia temprana es más una ocasión laboral, cuando no de ascenso económico súbito. Por eso dejaría que los procesos de nuevas generaciones no se den por decreto. Que los trasvasamientos generacionales puedan producirse. Por supuesto hoy no hay demasiadas condiciones para esos intercambios. Pero eso, también, requiere trabajo, formación, mucho entusiasmo y menos cenáculo.

Pero más allá de este síntoma de los tiempos hay que avanzar en:

· Facilitar y promover los partidos con consistencia, perdurabilidad, bases programáticas. Cumplir la constitución que los obliga a la formación de cuadros dirigenciales. Resguardando la independencia de éstos de cara a fuertes grupos económicos;
· Disminuir, hasta donde ello fuera posible, las causas tanto del financiamiento ilegal y de la corrupción política.
· Crear condiciones de mayor equidad en la competencia electoral entre los diversos actores políticos;


Todo esfuerzo en favor de la vigencia de controles, el respeto a los límites y la transparencia y publicidad de la financiación política, no sólo contribuye al mejoramiento democrático sino también a una mayor ética en la administración pública.



PACTOS DE SILENCIO O REPRESENTACIONES POLIFONICAS

Con múltiples desafíos por delante, y con la insinuación de la Presidenta electa sobre un pacto social, pareció que más allá de precisiones el tema se instaló en ciertos círculos de la dirigencia política y social.

Dos figuras se impusieron rápidamente. La experiencia en la Argentina durante la tercera presidencia del General Perón, con Rucci y José Ber Gelbard como las cabezas de la concertación. Y el remanido pacto de la Moncloa. Hasta resurgió el interés por escuchar a algunas voces que fueron protagonistas de aquellas experiencias.

En verdad ninguno de los dos casos sería aplicable al momento actual de nuestro país. En el primer caso porque no hay figuras que sinteticen fuertemente las representaciones políticas, productivas y del trabajo. Y en segundo lugar porque el ensayo hoy se haría sobre arenas movedizas del estado liquido que caracterizan a las representaciones partidarias o de coaliciones.

En un estudio sobre la apatía política – una de las recurrentes caracterizaciones de la prensa antes de las elecciones - , el ensayista Tom DeLuca es “un dato sobre otros temas: sobre cuán libres somos, sobre la cantidad de poder que realmente tenemos, de qué cosas se nos puede hacer responsables con justicia y si atienden o no nuestras necesidad (...) La apatía es un estado que provoca el sufrimiento”.

Aun en las circunstancias limitantes descriptas alrededor de la dificultad del encuentro de representaciones políticas y sociales con densidad representativa, me parece que este tramo de la postcrisis obliga al mecanismo de la “concertación política y social” que implica un salto cualitativo en las posibilidades de democratización y fundamentalmente buscar las herramientas para cerrar las enormes brechas gigantescas en la distribución del producto bruto interno originado por el capital y el trabajo. También por estos días mucho se recordó de la remisiones del propio Perón a sus gobiernos del “fifty y fifty” en el “reparto de la torta”. Pero ocurre ahora que dada esa injusticia social, aun en esa aspiración del 50% no se corregiría la brecha por la estructura de concentración de capital frente al ensanchamiento de la otra mitad. Por lo tanto la solución, otra vez, no vuelve a ser ni puramente económica y mucho menos técnica.
En ese sentido la “concertación político – social” podría ser un buen camino. Sería el mecanismo para generar una nueva trama social. En los que aspectos vinculados a la acción, el compromiso y la identidad podrían ser legítimamente interpeladas en busca de una ciudadanía que se resitúe frente a la reducción del mero consumo que no integra a todos en el mercado.

Me parece que el instrumento institucional sería la activación de un Consejo Económico y Social que no debe confundirse con cámaras legislativas paralelas: Sin facultad de decisión, pero si de planificación y con cierta iniciativa legislativa. Este Consejo a su vez debería buscar alguna forma de articulación para que en el Parlamento se plasmen los instrumentos legislativos ampliamente consensuados y que sobre su cumplimiento efectivamente pueden volver a recaer en el Consejo. Metas claras, mensurables y amplia publicidad de sus debates.

Obviamente que esta iniciativa debe contar en principio con cierto sostén político, aun sabiendo de la fluidez del sistema político.

Hay oportunidades. Hacer creer que todo está mal es tan dañino, socialmente, como empeñarse en hacer creer que todo está bien. La excelencia política no está solo en reconocerlo sin coartadas, con todas las palabras e intentar corregir los rumbos. Es generar creencias verosímiles sobre nuestros límites frente a las demandas. La situación en un tiempo, espacio y acción de aquello – la utopía – que no tiene lugar y que siempre genera la ilusión de lo porvenir. No hay bienaventuranza sin peso de proyecto. Empecemos a sopesarlos en el platillo opuesto a la desventura. Démonos la oportunidad de examinar en conjunto nuestras conductas.

Este articulo fue publicado en el num. 5 de los cuadernos argentina reciente

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